Es necesaria una protección adecuada para las mujeres que juegan.

Opinión I 31.08.26

Por: Magno José

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Bárbara Teles*

Studio Clarice, junto con Estratégia Latina e Instituto Ideia, publicó un importante estudio sobre el juego online entre mujeres, que apareció en un reportaje en este periódico ("Madres endeudadas juegan online en busca de ingresos, según un estudio", 16/8).

Pero la realidad del juego es más compleja, sobre todo para las mujeres. La mayoría juega en línea (en casinos digitales). Ganar o perder depende completamente de la suerte y, según un decreto gubernamental, el retorno al jugador (RTP) debe ser de al menos el 85%, cifra certificada por un laboratorio independiente acreditado.

La investigación intenta mostrar cómo esta cultura del cuidado se traslada al mundo del juego. La encuesta indica claramente que un gran porcentaje de mujeres apuesta para cumplir el sueño de un ser querido y termina con un saldo negativo.

Es evidente el daño que causa la falta de información de calidad a las apostadoras. Utilizar las apuestas como medio para complementar los ingresos no es una opción, ni tampoco es correcto, según las directrices de juego responsable. Algunas personas incluso pueden terminar con más dinero del que depositaron, pero eso es pura suerte. Las apuestas deben considerarse, y tienen que ser, un entretenimiento. Y nada más.

Pero para que la medida sea efectiva, es necesario encontrar no solo el remedio adecuado, sino también, antes de eso, el diagnóstico correcto. Y ahí es donde la investigación podría mejorarse y ayudar a más mujeres.

El estudio no distingue entre apostadores que simplemente se divirtieron y aquellos que sufrieron pérdidas; también incluye a todos los que ya no apuestan dentro del grupo problemático. Tampoco distingue entre quienes sufrieron pérdidas antes o después de la regulación del mercado (recientemente, pero aún presentes), ni separa las apuestas legales (las que tienen ".bet.br") de las ilegales.

Sin esto, es imposible medir con precisión los efectos de la legalización y la regulación sobre el problema, así como definir las correcciones necesarias. Se requiere más información, posiblemente más investigación que recopile datos para establecer políticas públicas eficaces que ayuden a estas mujeres.

En 2025, esto cambió. Con las nuevas normas, entraron en vigor requisitos rigurosos, desde cualificaciones técnicas hasta la responsabilidad social del juego, incluyendo la protección de los más vulnerables. Todos los sitios de apuestas legalizados deben cumplirlos, bajo pena de perder su licencia de operación y de que sus propietarios sean considerados responsables a través de sus propios números de identificación fiscal (CPF).

Finalmente, es importante recordar que las mujeres no solo se encuentran entre las apostadoras, sino también entre las profesionales del sector. Miles de mujeres ocupan puestos desde el primer hasta el último escalón de la jerarquía corporativa. La Asociación de Mujeres en la Industria del Juego (Amig), de la cual soy una de las fundadoras y actual directora, es la más activa y representativa de todo el sector y cuenta con miles de mujeres que trabajan a diario para construir una industria ética, responsable y sostenible.

Aún queda mucho camino por recorrer para que este sector adopte plenamente todas las normas establecidas para proteger a las personas y la economía; al fin y al cabo, surgen nuevas normas y restricciones casi a diario. Sin embargo, el cumplimiento está progresando y, entre los operadores debidamente autorizados, se están abordando los problemas; conviene evitar la retórica simplista de la prohibición.

En definitiva, la prohibición no acabará con las apuestas, sino que solo protegerá a las mujeres apostadoras, lo cual es contrario a lo que propone el estudio. Necesitamos una regulación rigurosa que supervise las actividades de estos operadores para que, finalmente, contemos con un mercado que proteja eficazmente a todas las mujeres: apostadoras y trabajadoras.


(*) Bárbara Teles es abogada y cofundadora de la Asociación de Mujeres en la Industria del Videojuego (Amig).

 

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