Reflexiones sobre la IN SPA/MF No. 22/2025 y la autonomía de los beneficiarios de programas sociales.

La reciente publicación de la Instrucción Normativa SPA/MF nº 22, de 30 de septiembre de 2025, que dispone que los operadores de apuestas de cuotas fijas bloqueen el registro y utilización de los sistemas por beneficiarios de la Bolsa Familia y del Pago Continuo de Beneficio (BPC), en los términos de la Ordenanza SPA/MF nº 1.231/2024, reaviva un debate relevante: en definitiva, ¿qué grado de autonomía debe concederse a los beneficiarios de programas de transferencia de renta?
Naturaleza de los programas de transferencia de ingresos
Los programas sociales en Brasil generalmente toman dos formas:
⇒ 1. Modelos restrictivos : el beneficio se otorga a través de cupones, tarjetas o cheques que solo se pueden usar en establecimientos predeterminados o para productos específicos.
⇒ 2. Modelos liberales : predominantes en las democracias consolidadas, en los que los recursos se transfieren directamente a la cuenta del beneficiario, reconociendo su autonomía para decidir cómo utilizarlos.
El programa Bolsa Família sigue este segundo enfoque. Los fondos se depositan en la cuenta del cabeza de familia —preferiblemente una mujer—, en consonancia con la confianza en la capacidad de juicio de los ciudadanos y el respeto a su dignidad y libertad individual.
Autonomía, no paternalismo.
La lógica del programa siempre ha sido clara: el recurso pertenece al beneficiario, no al Estado. Le corresponde a él, y no a terceros, definir las prioridades de consumo. Este concepto evita un sesgo paternalista que, con el pretexto de "proteger a los más pobres", termina infantilizando a los ciudadanos adultos y restringiendo su plena ciudadanía.
Es importante recordar que incluso antes de la popularización de las apuestas deportivas ya existían múltiples opciones de consumo –algunas más arriesgadas o menos racionales desde el punto de vista económico– y el Estado no interfería en ese libre albedrío.
La asimetría del debate público
Al presentar las apuestas reguladas como villanos sociales, se crean distorsiones:
Los productos financieros de alto riesgo, verdaderos mercados de juego, siguen siendo accesibles a cualquier ciudadano sin ninguna preocupación por la vulnerabilidad de los inversores.
El juego ilegal y no regulado sigue siendo tolerado socialmente, incluso sin ningún tipo de protección estatal o recaudación de ingresos.
Las apuestas reguladas, sujetas a estrictos estándares de cumplimiento, control e impuestos, son tratadas con mayor severidad que las actividades sin ningún control.
Esta asimetría revela en última instancia un sesgo discriminatorio: restringe las opciones de quienes menos tienen, en lugar de garantizarles protección a través de un mercado regulado, transparente y seguro.
El debate necesario
La discusión no debería centrarse en lo que los más pobres pueden o no pueden hacer con los recursos que reciben.
El verdadero debate es: cómo garantizar a todos los ciudadanos –sin distinción– la libertad de elección, la igualdad de trato, el acceso a mercados regulados y una protección jurídica efectiva contra abusos e ilegalidades.
Cualquier política pública que elimine la autonomía de los beneficiarios de los programas sociales debe ser vista con cautela, para no reforzar las desigualdades y comprometer los principios constitucionales de libertad, dignidad y no discriminación.
Las apuestas reguladas de cuotas fijas y las operaciones de juego en línea no pueden convertirse en chivos expiatorios de las fragilidades sociales. La solución no reside en prohibir opciones, sino en ampliar la regulación, la educación financiera y la protección para todos los consumidores, independientemente de su nivel socioeconómico.
(*) Waldir Marques es abogado, consultor regulatorio, ex director general de Caixa Loterías y ex subsecretario de Regulación del Ministerio de Hacienda.


